RE-CONOCERSE

sábado, 22 de junio de 2013
La creencia popular dice que "las brujas no existen, pero que las hay, las hay."
Rhiannon lo sabía perfectamente. De hecho, ella misma descendía de un extenso linaje de brujas irlandesas, celtas (ya que algunos de sus antepasados se habían casado con escoceses/as, franceses/as y algún creativo, también con una inglesa).
 
Su familia podía remotarse más allá de los 5 siglos acostumbrados en su país, Argentina. Donde ya le era bastante dificil desenvolverse con un nombre tan estrafalario.
Intentaron disuadir e impedir a sus padres que se lo pusieran, pero por ser también el nombre de su madre, la ley lo permitió.
Inmigrantes irlandeses en la parte más sur de las américas.
El país que se enorgullece en llamarse a sí mismo: "crisol de razas".
Lo cierto es que, en Argentina, son más bien pocos los inmigrantes celtas. Algunas colonias diseminadas por aquí y por allá, pero más bien pocos.
 
De modo que Rhiannon se crió entre creencias paganas, brujas, hechiceras, magos de la naturaleza y, por otro lado, con ese pequeño detalle del nombre, que a nadie pasaba desapercibido, sobretodo en su escuela primaria y secundaria.
Afortunadamente, para cuando llegó a la Universidad, ya había descubierto que era mucho más sencillo presentarse como Ría, a secas. El diminutivo, de un nombre que nadie conocía y todos adjudicaban a esa sonrisa blanca, sincera y perfecta, que encendía corazones.
Su cabello rojo como el fuego, también le había supuesto de niña una serie de bromas. Pero, ya entrada la adolescencia, su cabello flamígero y sus ojos verdes, le prodigaban más de un piropo.

Rhiannon había tenido una niñez normal, una adolescencia común y se encontraba en el momento preciso en el cuál su familia le pedía que se consagrara a los dioses que habían regido toda su vida desde pequeña, en un país de corte católico.

Así que, allí estaba ella, preguntándose qué hacer. Se encontraba entre el deseo y las creencias familiares y, ese inmenso mundo de relaciones y contexto que la rodeaban.
Cierto es, que su familia había seguido fiel a sus tradiciones, celebraciones y rituales. Y no es menos mentira, que ella nunca supo lo que era la navidad, las pascuas de resurrección, el credo y una misa. Sus amigos titubeaban a la hora de preguntarle que era Samhain o por qué era importante un día de luna llena.

- Rhiannon, ¿has comprado las velas?

Ría se sobresaltó y miró a su madre como si de un espectro se tratara.

- Rhiannon, ¿otra vez soñando?

¿Cómo le explicás a tu madre que no sueñas, sino que estás pensando en una de las cosas más importantes de tu vida, a los 21 años y que, esta vez, no se trata de chicos?

- Me olvidé mamá, lo siento.

Su madre, frunció el ceño, la miró como evaluándola y negando con la cabeza, cerró la puerta.

Ría dejó caer los hombros, agachó la cabeza y cerró los ojos. ¿Cómo tomar una decisión tan importante, sin nadie con quién hablarlo?

Sus amigos, no entenderían siquiera si se los explicara desde el comienzo, su familia se sentiría ofendida con la duda... 

Miró a su gato negro enroscado encima de la cama... sí, era un cliché, un gato negro.
Ella decía que había sido una casualidad encontrarlo en una caja con apenas 45 días en la puerta de su casa. Sus familiares, en cambio, insistían en remarcarle que "ellos no creían en las casualidades, sino en las causalidades". Ese gato estaba destinado a ella y a ese hogar.
Sin embargo, a Lugh, más allá del nombre y las rarezas de sus familiares, no parecía importarle nada más que estar cómodo, tibio y alimentado.

 En Argentina las hadas eran cosas de niños, los cuentos de hadas distaban mucho de las leyendas de su infancia y, los duendes eran enanos con sombreritos puntiagudos que se acomodaban en el jardín. De hecho, esa también era una costumbre muy pueblerina.

Mientras se llenaba de nudos que le atenazaban el corazón y la garganta, su celular, nada oportuno, decidió sonar.

- Hola...
- Hola, Ría? Habla Flor, mirá, no quería joderte a esta hora, pero mi hermano acá me está preguntando si vas a venir a la fiesta que hago en casa el viernes, sé que me habías dicho que tenías un compromiso, pero...

(Sí, un compromiso, su familia quería iniciarla el viernes, durante el Sabbat del Solsticio de Invierno...)

- Bueno, la verdad es que quería ir, pero justo en casa celebramos el día más corto del año...

- Y si venís mañana, nos tomamos unos mates y vemos?
- De verdad que puedo ir mañana a charlar Flor, pero el viernes tengo que estar en casa.
- Es que... (la voz de Flor se convirtió en un susurro) ... mi hermano, bueno... creo que le gustás.
- (...)

(Ok, tenía que reconocerlo, Dante era uno de los chicos más atractivos que Ría había conocido en su vida. Desde el momento en que Flor se lo presentó, ella supo que jamás podría dirigirle la palabra sin sonrojarse)

- Ok, nos vemos mañana antes de ir a clase.

 - Perfecto! Quedamos así!

Ría se quedó un instante mirando el celular.

- Má! Mañana compro las velas!

Al día siguiente perdió, literalmente perdió, 45 minutos eligiendo ropa, 20 minutos maquillándose, intentando paradójicamente, no parecer maquillada ni demasiado arreglada.

Fue a lo de Flor con un nudo en el estómago, un tanto agradecida a los Dioses porque ya no estuviera en su garganta.
Con cierta vacilación, tocó el timbre y casi se infartó cuando la puerta se abrió y allí estaba Dante con una sonrisa demasiado perfecta e irónica para ser real. Tenía la extraña sensación de estar frente a un lobo con piel de cordero. Y, de pronto, se sintió como una presa demasiado confiada... y babeante...


- Flor está sacando la pava del fuego antes de que se vuele, pasá...

Ría pasó, siguiéndolo hasta la cocina con las piernas débiles y temblorosas. Totalmente conciente de las palpitaciones que retumbaban en su pecho.

Por suerte, los hermanos cruzaron 3 o 4 bromas entre ellos, hablaron del tiempo, de las clases, y de la fiesta del viernes.

- Ustedes dos parecen llevarse muy bien, ¿siempre fueron tan unidos? - preguntó Ría.
- Bueeeno... hemos tenido nuestras épocas, dijo Flor, no te olvides que somos italianos, cuando "la nena" se hace grande y empieza a salir con chicos, siempre surgen problemas...

Ambos hermanos rieron, al parecer recordando algún momento particular...


- Y tu familia qué?! le replicó Flor - Porque todos tenemos algún esqueleto en el placard...

(Ría pensó en lo poco apropiado que sería responder "esqueletos no, pero brujas?: a montones"...)

- Bueno, yo vengo de una muy tradicional familia irlandesa, celtas, irlandeses... (sí, había trastabillado en la respuesta).

- Tradicional en el sentido que todos son policias y toman mucha cerveza, o en otra cosa? - intervino Dante.

- Bueno, no precisamente, es mucho más... complicado...

Flor se sintió un poco incómoda y centró la mirada en el pañuelito que estaba usando para limpiar la bombilla entre mate y mate.
Pero Dante, levantó una ceja y entrecerró los ojos, como quien intenta adivinar algo que apenas está empezando a entreveer...
Ría, se limitó a jugar con la punta de la camisa.

-  Ah! yaaaaa... siguen las antiguas creencias?

No solamente levantó la vista de repente con una expresión de imbécil en la cara, sino que además, Ría, se quedó mirándolo con la boca abierta durante aproximadamente 30 segundos, que parecieron una vida.

- 4º año de profesorado en historia - dijo Dante, como disculpándose.
- Está bien, sí, es absurdo pero...
- No es absurdo, mi nona teje sweaters para navidad aunque estemos a 40º el 25 de diciembre, eso es absurdo. Pero llevamos 20 años recibiéndolos y ninguno de nosotros se queja... 
De verdad las creencias de tu familia te parecen absurdas o solo te es dificil explicarlas?
- Es dificil vivir acá y tener tu casa llena de altares, y rituales que no coinciden con los de los demás... 
- Ah, claro, el viernes es el solsticio de invierno... por eso no podés venir, no?

A esta altura, o Flor se sintió excluída o simplemente decidió que ya había cumplido su papel y se excusó diciendo qe "mientras seguíamos charlando, ella se iba a imprimir un paper para entregar y a acomodar las cosas para la facu". Por alguna razón, ni Dante ni Ría, se sintieron incómodos con su retirada.

Ría había pensado que jamás iba a poder hablar con un chico que estaba "tan bueno", sin embargo, con Dante fue fácil hablar de aquellas cosas que la confundían, le producían dudas y que reservaba para sí misma, diciéndose que eran parte de su intimidad.
Dante le preguntaba interesado y la ayudaba a pensar.
Y ella necesitaba esa charla, porque tenía que tomar una decisión muy importante para su vida.
Cierto, podría decir que sí y tomarlo con calma, pero eso no sería honesto para ella, ni para con su familia.
De pronto se encontró contándole todo, y ese maravilloso hombre de 1,87 m., moreno, de ojos acaramelados, estaba absorto por la charla.

Para cuando Flor regresó, tardaron un buen rato en notar su presencia, de tan compenetrados que estaban con la charla.

- Ría, deberíamos ir yendo...

Dante, dudó un segundo y dijo: ¿Ría?

Ella entendió lo que preguntaba. 

- Rhiannon.

Él sonrió: - No podía ser de otra manera.

- Bueno, sí, creo que es hora de ir saliendo o vamos a llegar tarde.

Dante se acercó a saludarla, pero antes de que ella se alejara le dijo:

- Ría, hacemos muchas cosas en la vida solo por los demás, por lo que pensarán o como nos verán. Algunas de esas cosas, la mayoría, nunca van a llegar a definirnos, tampoco son las más importantes, y unas cuántas, van a ser auténticas burradas.
No te piden que lo publiques, solamente, que si está en tu corazón, digas que sí. Es cierto que es importante, porque esta decisión, sí puede definirte. No reniegues de lo que sos.

Ría se sonrojó, quizás, por primera vez desde que llegó.
Antes de irse le dijo:

- Gracias, tenés razón. Y voy a venir a la fiesta, pero tal vez llegue algo tarde, tengo algo que hacer antes.

Él sonrió, con una sonrisa en la que cabía el universo. Sus ojos brillaron como brillan las brazas del fuego de Beltane, meneó la cabeza y solo dijo: te esperamos.

Cuando salieron de la casa, Flor se avalanzó sobre ella:
- En serio vas a venir? Va a estar buenísimo!!! Yo sabía que Dante podía convencerte!!!

Ría pensó que había hecho más que convencerla, la había ayudado a encontrarse a sí misma.

Pero no dijo nada de eso, solo:

- Antes de ir a la facu, podemos pasar por un lugar? Tengo que comprar unas velas.